Amor y buen humor

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Los actores Gachy Roldán y Roberto Moyano abrieron las puertas de su casa a Revista 30 D. Juntos supieron combinar perfectamente los vaivenes de su profesión con la crianza de sus hijos. 

gachy negro

Por Graciana Petrone

Los actores Gachy Roldán y Roberto Moyano abrieron las puertas de su casa a Revista 30 D, su lugar en mundo en donde viven desde que se casaron hace 32 años después de estar nada más que seis meses de novios. Allí criaron a sus hijos Paula y Manuel entre telas de vestuarios, consolas de sonido y maderas para fabricar escenografías porque “todo lo del teatro pasaba en el hogar”, contará más tarde la popular actriz que se caracteriza por su simpatía y su sonrisa constante. Juntos supieron combinar perfectamente los vaivenes de su profesión con la crianza de sus hijos quienes resultaron “muy buenos espectadores de teatro” pero eligieron otros rumbos y “salieron deportistas”.

Gachy decidió dejar la carrera de abogacía para ingresar a la Escuela Nacional de Teatro mientras su marido se quedaba cuidando a los chicos. Así, ella encontró esa veta artística que confiesa siempre buscó, y así se recibió de actriz en la primera promoción del instituto que en aquel entonces estaba en Córdoba y Mitre. Como a la mayoría de las personas vinculadas a la actuación en Rosario, que deciden quedarse y no emigrar a Buenos Aires, al matrimonio Moyano las cosas no les fueron fáciles en sus comienzos pero con prepotencia de trabajo –como escribió alguna vez Roberto Arlt–, hoy son dos de los más importantes referentes del escenario de la ciudad.

30D—¿Por qué tan poco tiempo de novios?

GR— Porque en ese momento a mi viejo le agarraba un ataque si nos íbamos a vivir juntos. (risas).

30D—Cuando se conocieron, ¿ya estaban vinculados con el teatro?

GR—Ninguno de los dos teníamos nada que ver con la actuación. Ya estábamos casados y la teníamos a Paula que era chiquita. Yo estaba estudiando abogacía pero  dejé porque se abría la escuela de teatro.

RM—me acuerdo que la primera obra que fuimos a ver estando juntos fue Señor Galíndez, con Nino Viale y dijimos: ‘Qué loco esto del teatro, ¿por qué no vamos a averiguar?’ Yo por mis horarios de laburo no podía anotarme en la escuela y entonces lo hizo ella.

30D—¿Cómo tomaron tus viejos que dejaras abogacía para ser actriz?

GR—Mi papá era abogado pero fijáte que no lo tomó muy mal. En ese aspecto por ahí mi mamá era un poco más conservadora, aunque en el fondo a ella le gustaba la idea porque yo siempre había querido volcarme a algo artístico pero no sabía qué era lo que yo estaba buscando y me encontré que era el camino la actuación.

RM— Yo nunca estudié teatro. Siempre decimos que fui oyente de la carrera porque había que laburar y cuando ella iba a estudiar yo cuidaba los chicos. Pero estaba bueno.

30D—¿Cuál fue el primer espectáculo que hicieron juntos?

GR—Juancito de la ribera, después yo hice Mariamente que estaba dirigida por Rodolfo Pacheco. Él se fue a La quiaca y generó allá toda una movida de teatro importante.

RM—Fue una muy linda época porque éramos re pendejos y todo lo del teatro que hacíamos pasaba en nuestra casa. En esta mesa, que la tenemos desde que nos casamos, cortábamos las maderas para hacer las escenografías. El vestuario y las consolas de sonido las guardábamos en el altillo.

GR—Los ensayos también se hacían en casa. Corríamos todos los muebles y ensayábamos en el comedor. Una vez Manuel, que tendría un año y medio, se despierta, se sienta en el sillón, se saca el chupete y dice ‘Esto es casa, no teatro’ (risas). Como que estaba un poco hinchado de todo pobre.

30D—¿Sus hijos no se inclinaron por el teatro?

GR—No, ellos son deportistas pero a la vez muy buenos espectadores de teatro.

RM—Paula laburó con nosotros en la parte de producción de eventos y es muy buena haciéndolo.

30D—¿Siempre vivieron en el mismo barrio?

GR—Siempre y siempre haciendo vida de club (Atalaya) que para nosotros es un cable a tierra y es parte de nuestra familia también. En el verano estamos casi todo el día ahí. Nuestros hijos hoy tienen los mismos amigos que tenían en el club cuando eran chicos.

RM—Y aman al club. Aún ahora, que Manuel está viviendo en Ususahia pregunta sobre su club. Cuando juega Atalaya pregunta ‘cómo van’ o ‘como salió el partido’. Por supuesto que a esos mensajes le respondo: ‘Hijito querido, para eso te hubieras quedado en Rosasrio’ (risas).

30D—¿Cómo llevaron adelante la crianza de los chicos y el teatro?

GR—Las abuelas fueron muy importantes en esas épocas, sobre todo cuando empezamos a trabajar juntos porque en los primeros tiempos no ganábamos un mango y había que cuidar a los chicos. Después, cuando fueron creciendo, venían con nosotros a todos lados. No fue muy complejo.

RM—No, es cierto, no fueron muy complicadas las cosas. Como todo, hemos pasado por tiempos difíciles porque no teníamos un peso. Llegamos a vender las alianzas. Éstas que tenemos ahora nos la regalaron nuestros hijos hace dos años, cuando cumplimos treinta años de casados. Yo hice de todo, laburé de mozo, fabriqué pastas, pinté casas y lo loco es que el camino se nos empezó a abrir en 2001.

30D—Justamente en ese año…

GR—Sí, justamente en ese año tan terrible para el país, en esa época tan dura, nosotros empezamos a hacer teatro en bares y estrenamos “Amor con H”. Fue un despegue en nuestras carreras.

RM—En ese momento también se pusieron de moda los eventos sociales a donde se llevaban artistas y humoristas. De hecho, hicimos conducciones para fiestas de empresas privadas y no era habitual que se usara a un humorista para hacer la conducción entera de un evento. Bueno, nosotros hacíamos eso.

GR—Le encontramos la vuelta a ser actores rosarinos y poder vivir de ésto, me parece que fue por ahí la cosa. Primeros los bares, pensando en acercarnos a donde la gente estaba y hacer teatro para que la gente te vea.

RM—Claro, ‘¡Entonces vayamos nosotros a la gente!’, dijimos. Y ojo que ahí que competir también, con la milanesa con papas fritas, con la pizza, con el ruido de la máquina de café…(risas).

30D—¿Ya no hacen más obras en bares?

GR—Por suerte nuestra carrera fue creciendo y hoy podemos decir que trabajamos en teatros y es otra perspectiva pero creo que es el camino que debería ser para todos los artistas así. Nosotros nos sentimos privilegiados de pasar a otra instancia pero insisto,  así tendría que pasarles a todos los actores. Hoy, cuando vamos a laburar a un bar decimos: ‘¡Uy, qué lindo, cuánto hace que no trabajamos en bares!’. Pero fuimos laburantes sin prejuicios. Nunca dijimos que no a nada.

RM—Hicimos boliches hasta hace poco. Pero para dos lucas de gente que va a embriagarse, a ponerse directamente en pedo y a bailar y le metés un humorista y la gente se termina enganchando. Pero es algo que te lleva mucho desgaste físico.

GR—Lo dejamos de hacer porque no me daba el cuerpo (risas) Pero hicimos boliches por años sin el prejuicio de decir ‘No, ahí no vamos’ ¿Por qué no, si es trabajo?

30D—¿Vos trabajaste en Buenos Aires, cómo fue esa experiencia?

RM—Primero hice un programa de radio con Monchi Balestra acá que ganó el Martín Fierro de Humor en 2001. De ahí, me lleva Monchi a Canal 9 en Buenos Aires. Ahí Daniel Hadad me ofrece trabajo para quedarme en buenos aires pero le dije que no, que ni loco. Yo venía a hacer al Berlín los viernes función de Amor con H y Hadad me dice: ‘Cuánto vale la función, yo te la pago’, y le digo: ‘No, no entendés nada, no es la plata’. Yo necesitaba estar conectada con Rosario. Después me convocó Anita Martínez para hacer segmento de espectáculos y humor en Mañanita, el programa que conducía ella por cable.

30D—¿Qué es lo qué más te gusta hacer en la actuación?

GR—Me apasiona ir a donde está la gente, pero a lugares en donde hay mucha gente, trabajar para el pueblo, para que la gente se ría. Vos me decís colectividades y allá voy; boliches con dos mil personas o el Anfiteatro para cinco mil, ¡me encanta! Lograr que toda esa gente se movilice es algo realmente impresionante para mí. Hoy nos reconocen por la calle, nos paran, muchas veces nos agradecen que los hayamos hecho reir y eso que no somos actores de televisión pero nos reconocen igual.

30D—¿Cómo ven el trato del periodismo rosarino en general para con los actores locales?

GR—Últimamente me cuestiono bastante que un sector del periodismo local mira sólo para Buenos Aires. Por eso sigo saludando a los periodistas que siempre apoyan el trabajo de los artistas rosarinos. Hoy no hay espacios en canales de aire, por ejemplo, para que los artistas de acá promocionen sus espectáculos, al contrario de lo que pensé que iba a pasar con la ley de medios. Yo le preguntaría a los periodistas que trabajan acá, que viven acá, si toda la gente que los escucha decidiera a escuchar radios de Buenos Aires, ¿cómo sería para ellos?

RM—A veces los periodistas pueden tener la intención pero desde la empresa le bajan la línea de que se ocupen de los espectáculos que le dejan rédito por cuestiones de pauta publicitaria.