CULTURA

El Superman argentino

El escritor Leonardo Oyola está viviendo el sueño del pibe: su novela Kryptonita, premiada en 2011 como mejor libro del año, llega al cine con un reparto de actores de primer nivel. Este mes, el avance del filme se estrenará en Rosario.

El escritor Leonardo Oyola está viviendo el sueño del pibe: su novela Kryptonita, premiada en 2011 como mejor libro del año, llega al cine con un reparto de actores de primer nivel. Este mes el avance del filme se estrenará en Rosario.

superman

Por Graciana Petrone

¿Qué hubiera pasado si en vez de caer en una zona rural de Estados Unidos el niño que después se convertiría en Superman hubiera aterrizado en una villa del conurbano bonaerense? Esa es una de las preguntas que plantea Leonardo Oyola en Kryptonita (Literatura Modadori 2011), un libro que fue furor de ventas apenas salió a luz pero cuya trama no quedó en letras de tinta. Como si estuviera viviendo el sueño del pibe, la historia que cuenta la llegada inesperada de Nafta Super casi moribundo a la guardia de un hospital, fue elegida por el director Nicanor Loreti para adaptarla y llevarla a la pantalla grande. Según adelantaron, el filme se estrenará los primeros días del año próximo en el país y promete ser éxito de taquilla. La avant premier se hará en febrero de 2016 en el Festival de Cine de Mar del Plata.

La humildad del joven escritor porteño, que ya es uno de los más prestigiosos del género de ciencia ficción y también del Negro clase B, hace que se rehúse a admitir que con Kryptonita se convirtió en un adelantado al narrar, a su manera, las vicisitudes por las que pasan médicos y enfermeros cuando deben atender a enfermos que tienen problemas con la ley y llegan a la guardia heridos de gravedad, hecho que es hoy moneda corriente en los centros de salud, no sólo de Buenos Aires sino de muchos otras ciudades del interior del país, incluyendo a Rosario.

El guión de la película, que pese a tener que adaptarse al formato audiovisual no se aleja demasiado del contenido la novela, muestra cómo un médico nochero del hospital Paroissien espera que las pocas horas que faltan para que termine su guardia pasen sin sobresaltos. Lo que ignora el profesional es que cuando ingresa Nafta Súper –un criminal con superpoderes interpretado por Juan Palomino–, sus deseos se irán por la borda ya que el hospital será tomado por la banda que acompaña al herido y, bajo todo tipo de amenazas en la que no faltan las armas, le exigen que lo mantenga con vida y se atrincheran esperando la llegada de la policía y de otro grupo delictivo que va en busca del Superman de los bajos fondos. Casi como si estuviera viviendo una alucinación, el médico descubre que no está ante la presencia de un paciente común.

El filme comenzó a rodarse los primeros días de mayo de este año y cuenta con un reparto de actores integrado por Palomino, Diego Capusotto, Pablo Rago, Nicolás Vázquez, Sebastián De Caro, Lautaro Delgado, Diego Cremonesi, Susana Varela, Paula Manzone y Pablo Pinto, entre otros.

30D—Cuándo publicaste el libro en 2011, ¿pensaste que iba a terminar convirtiéndose en una película?

LO—Fue inesperado aunque no te voy a mentir que, con el tema de los libros en general, te agarra como una ilusión. Incluso cuando los está escribiendo pensás: ‘Me gustaría que tal personaje lo interpretara tal actor’. Tal vez fue la formación que tuvo uno como narrador y todo lo que viví en el taller del maestro Alberto Laiseca. De chico vi mucho cine, de ese que pasaban en la tele en blanco y negro y de ahí creo que más o menos uno aprende a contar. Pero todo ésto que me está pasando hoy es muy fuerte.

30D—¿Tuviste antes otras propuestas para llevar tus libros al cine?

LO—Me pasó que señaron una novela mía que está en España, que se llama Chamamé. La primera vez que lo hicieron a mí se me hizo una película diferente en la cabeza, como que me iba a poder comprar un departamento o cosas así. Después todo eso se cayó y me di cuenta que era algo muy común el tema de señar los derechos de una novela por cinco meses, porque por ahí aparece un director que está metejoneado con ese libro y tiene que salir a buscar el dinero para la producción de la película y entonces ve si es viable o no. La cosa es que lo de Chamamé no fue y, a medida que pasaba eso con otras novelas, ya no me embalaba tanto. Me fui curtiendo un poco más aunque la esperanza siempre estaba.

30D—Con Kryptonita pateaste el tablero, en todo sentido…

LO—En el caso particular de Krytonita el libro no tenía más de cuatro meses en la calle cuando Nic Loreti, el director, se acercó para hablar. Fue el primero y el único. Incluso, me planteó que quería hacer la película antes de que el libro fuera premiado. La señó, después dio la segunda seña y fue avanzando con la escritura del guión el cual ganó un subsidio del ciento por ciento del Instituto Nacional de Arte Audiovisual como Mejor guión adaptado. Eso les permitió contar con un reparto de actores que, de verdad, no se puede creer.

30D—Muchos escritores son recelosos a la hora de que otro escriba el guión de sus novelas, ¿participaste de ese trabajo?

LO—No quise. Tengo la suerte de tener una muy buena relación con Claudia Piñeiro y hasta me atrevería a decir que también tengo una amistad, y ella me dio un consejo sabio: que puedo ser un espectador avanzado de cine y en algún momento haber escrito de eso, pero es mejor mantenerse al margen. Me pasó de haber visto el guión completo recién hace un mes. De hecho, vi los ensayos y modificaciones y hasta me dio una especie de bronca, y me dije ‘cómo no me di cuenta yo antes para que esas escenas estuvieran en la novela’. Parece como que los guionistas estuvieran un escalón más arriba y que la van a contar desde otro lado. En eso tiene que ver el formato audiovisual, por supuesto.

30D—En el libro tocas desde la ficción el tema de la violencia en los hospitales, ¿sos conciente de que roza plenamente la realidad?

LO—Soy muy conciente de que Kryptonita arranca con un tono que, adrede, a medida que avanza va apareciendo más luz y lamentablemente el tema de la violencia en los hospitales es algo que pasa desde que yo tengo memoria. Después, me tocó interiorizarme y conocer toda esta movida que afecta a los nocheros. Pero ésto de que entra una banda armada para rescatar a su compañero que está privado de su libertad o que lo están atendiendo en ese momento pasa. Es algo muy fuerte.

30D—Hace unos años cuando vi por la tele que la hinchada de Nueva Chicago entró armada a un hospital para rescatar a un compañero pensé: ‘Estos tipos leyeron Kryptonita’. Nada más cerca tu historia a la realidad…  

LO—Justamente la primera escena que filmaron es la del Orejón, que es un caso real del barrio en donde me crié yo. En abril del año pasado todo el personal policial que estaba envuelto en el caso fue absuelto. No es que laburás la ficción al ciento por ciento. Para escribir ficción partís de cosas que pasaron y en el caso del Orejón me parece que es una forma de decir ‘ante lo que uno puede pensar que es Justicia, ésto quedó impune pero no nos olvidamos’.

30D—¿Te llamaron de algún medio para que hables sobre el tema de la violencia en los hospitales?

LO—Estas cosas siempre sucedieron pero desde hace unos años empezaron a tener más visibilidad en los medios. Más de una vez me llamaron para ver si daba mi opinión pero siempre me quise mantener al margen porque soy, en definitiva, un escritor de ficción y tomé ese tema para escribir mi novela.

30D—¿Estás trabajando en algún libro actualmente?

LO—Decidí parar porque no me quiero perder el rodaje de la película, lo que es muy interesante. Pienso, más adelante, poder escribir acerca de cómo cuentan las historias, aunque no los actores sino de toda la gente que está detrás de las cámaras. Estoy haciendo mi diario del rodaje. Es como un sueño pero cuando ves cómo se va armando es algo impresionante, sobre todo, ver a los escenógrafos armando a mi barrio: Isidro Casanova, en La Matanza.

30D—¿Y qué ocurrió con Sacrificio que, a mi criterio, es una de tus novelas con imágenes más cinematográficas?

LO—Justamente en Sacrificio está resumido todo lo que me gusta contar y cómo me gusta contarlo. En cambio, con Kryptonita no estaba muy convencido y cuando lo entregué a la editorial me dije: ‘¿Qué hice?, ¿creerá la gente en esto?’ Dudaba de que estuviera a la altura de las circunstancias. Chamamé, por ejemplo, que se editó en España y no llegó a la Argentina, es una de mis novelas más localistas. Si yo hubiera pensado que ese libro iba para el lector español seguramente lo hubiera escrito de otra manera.

30D—Cuando empezaste a escribir pensabas que un libro tuyo podía llegar tan lejos?

LO—En realidad empecé a escribir de grande, estaba por cumplir 30. Nunca imaginé llegar a ésto y, justamente, si hubiera pensado que un libro me podía dar este tipo de cosas quizás me hubiera tildado y nunca hubiera aparecido. Lo más importante es cuando estás sólo, laburando en la compu, estar conectado con la historia. Después, te llevará a donde te tiene que llevar.