“No doy más”

Cuantas veces sentimos que vamos a colapsar, que el tiempo no alcanza, que tenemos ganas de llorar y que no nos entienden. Muchas, muchísimas veces. Una amiga nos escucha y nos dice “me pasa lo mismo”, saber que le pasa lo mismo nos da alivio como si eso cambiara algo, como si disminuyera el peso que tenemos sobre nuestras espaldas.
La casa, el trabajo, los hijos, ser madre, ser hija, ser amiga, ser bella, estar depilada, las uñas, el pelo, la limpieza, la escuela de los chicos y su ropa, las reuniones de trabajo, los proyectos nuevos, capacitarse, estudiar… puf. Me estresé de enumerarlo. Seguramente algo falta en el listado. Es que la mujer actual se caracteriza por llevar adelante multi-roles. No es casual. .
Históricamente, su función primaria era ser madre y ama de casa. Eso no era poco, de hecho implicaba mucha eficiencia en la limpieza, la cocina, el cuidado de los hijos y educarlos. Pero claro, no tenía los mismos derechos, no podía votar, no podía trabajar, no podía formar parte de las decisiones de gobierno, no podía participar de la vida social y política, a no ser por integrar agrupaciones solidarias. Y no podía porque no le daban el espacio, porque ni siquiera se preguntaban si era capaz.
Luego vino una generación feminista que rompió el esquema y luchó por la igualdad y sus derechos, y gracias a ellas hoy la mujer puede estudiar, ir a la universidad, trabajar, tener jornadas de 8 horas, usar pantalones, manejar sus bienes propios, tener cuenta bancaria, viajar sola, salir sola, tener un vida sexual activa y adquirir métodos anticonceptivos, separase o divorciarse sin pensar como va a subsistir, votar y gobernar, entre otras tantas cosas.
La mujer tuvo que demostrar que puede, tuvo que demostrar que era capaz, tuvo que luchar por sus derechos, se aferró a la pelea por la igualdad. Pero se da cuenta que no lo es.
No lo es porque puede manejar precisamente los multiroles, porque puede estar en el trabajo pensando en lo que hará de comer, puede manejar todo tal cual un malabarista. No lo es porque siente culpa, culpa si va a trabajar por dejar a sus hijos, culpa si cuidando a sus hijos no cumple con su rol laboral o profesional. Siente presión por tener todo limpio, siente presión por estar depilada, por lucir bella, por tener o mantener un cuerpo perfecto, por tapar los signos del paso del tiempo (pintar sus canas)… siente presión porque si no tuvo hijos hay un reloj biológico que le pone fecha de vencimiento, siente presión porque si llega a los 30 y no tiene pareja o familia, muchas otras mujeres le preguntarán “¿por qué? ¿cómo alguien como vos no encontró pareja?”.
Se suma la presión entre el estereotipo de mujer libre y guerrera que se impone hoy, o la que “declina” ante el modelo machista y decide dedicarse a su familia e hijos. ¿Estaría mal? ¿Es necesario elegir? Así es que, entre una opción o ambas al mismo tiempo, muchas veces no da más.
Es necesario que aprendamos a delegar, a pedir ayuda, aceptemos que no podemos con todo. Nadie puede. El hombre puede hacerse cargo a su manera, debemos darle el espacio y comprender. Comprender que él también está preso de un modelo patriarcal que lo convoca a salir a trabajar todo el día y ganar para mantener a toda su familia, a ganar más que su esposa porque sino es tildado de “mantenido”, es preso de no poder emocionarse con sus hijos o llorar de tristeza porque todavía le pesa la frase “los hombres no lloran”. Ellos también son presos de un modelo que los encierra y les impone un rol de “macho”. Pero eso está cambiando. Los jóvenes cambian pañales, cocinan, lavan, cuidan de sus hijos, participan de las reuniones escolares, todavía “ayudan”, les cuesta hacerse cargo pero ya lo harán si nosotras cedemos sin necesidad de llegar al punto de colapso.
Debemos aceptar que somos distintos, pero que debemos tener igualdad de oportunidades y para eso es necesario complementarse con el otro. Hacerlo parte, delegar, compartir responsabilidad en todos los ámbitos de igual a igual.
Diferentes sí, pero desiguales no. Que vengan tiempos de complementación sin violencia ni victimización.

Por Lic. Nerina Diaz Carballo
Autora Libro ANDAN SUELTAS